Vivo en un apartamento desde hace varios años. Aquí el aire es seco, el viento arrastra el polvo de los coches que pasan constantemente por la calle y no hay patio. Llevaba un tiempo notando que mis plantas siempre parecían algo apagadas, sin ese vigor tan evidente que tienen cuando las compramos en el vivero. Las regaba correctamente, abonaba de vez en cuando e incluso pasaba un paño húmedo en las hojas más grandes, pero sentía que faltaba algo. Hasta que descubrí un cuidado tan sencillo que cambió por completo la salud de mis plantitas: el baño de ducha.
Parece obvio cuando nos detenemos a pensarlo. Las plantas que están en el jardín reciben lluvia con regularidad, que lava sus hojas, refresca la tierra y elimina impurezas. En cambio, nuestras compañeras de apartamento se quedan allí, acumulando polvo, hollín, contaminación urbana y todo tipo de suciedad que trae el aire. Con el tiempo, esa capa de suciedad sobre las hojas perjudica la fotosíntesis, dejando la planta más débil y sin ese verde tan intenso.
Fue entonces cuando empecé a llevar mis plantas a la ducha del baño una vez cada dos o tres meses. El proceso es sencillo: las coloco bajo la ducha con agua a temperatura ambiente y dejo que el agua corra suavemente sobre las hojas y el sustrato durante unos minutos. Nada de agua demasiado caliente ni chorros fuertes que puedan dañar las hojas delicadas o provocar un desorden en la tierra.

Los beneficios aparecieron rápidamente. Primero, la limpieza de las hojas mejoró significativamente la fotosíntesis, sobre todo en las plantas con hojas delicadas, como los helechos, que eran imposibles de limpiar con un paño. Con los poros desobstruidos, las plantas pueden respirar mejor y aprovechar la energía de la luz con más eficacia. En segundo lugar, noté que plagas como cochinillas y pulgones prácticamente desaparecieron. El chorro de agua derriba a estos invasores antes de que se instalen por completo.
Otro punto importante es que el baño ayuda a eliminar el exceso de sales minerales que se acumulan en el sustrato con el uso de fertilizantes. Esta acumulación puede quemar las raíces y perjudicar la absorción de nutrientes. El agua corriente arrastra estas sales, manteniendo el suelo más equilibrado y fresco de nuevo.
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Para quienes tienen patio o jardín, la alternativa es aún más práctica: utilice la manguera con un chorro suave. El cuidado esencial es hacerlo en un lugar protegido del sol directo, preferiblemente a última hora de la tarde o a primera hora de la mañana. El agua sobre las hojas bajo un sol intenso sin duda provocará quemaduras. Mucho mejor todavía si el procedimiento se realiza en días nublados.
Desde que adopté este ritual con las plantas, ganaron un brillo que nunca había visto antes. Las hojas se volvieron más verdes, firmes y saludables. Algunas incluso empezaron a producir nuevas ramas. Es increíble cómo un gesto tan sencillo, que imita lo que la naturaleza ya hace al aire libre, puede marcar toda la diferencia dentro de casa.
Si también vive en un apartamento y sus plantas parecen un poco apagadas, pruebe este baño de ducha. Estoy seguro de que, al igual que las mías, le devolverán el favor con mucho más vigor y belleza.






